Los dos mueven calor con un compresor, y por eso se confunden. La diferencia está en lo que calientan y en cómo lo reparten por la casa.
Calefacción del hogar · España
Qué calefacción encaja en tu casa (y cuándo no cambiar nada).
No vendemos equipos, no instalamos y no somos de ninguna comercializadora. Por eso podemos decirte que la aerotermia es excelente en la casa adecuada y decepcionante en la equivocada, que una caldera de condensación reciente rara vez justifica un cambio. Y que casi siempre la mejora está antes en el aislamiento que en el equipo. Y nunca escribimos precios: en energía caducan en un trimestre.
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Dos cálculos que sí puedes hacer con tus propios números: la potencia orientativa que necesita tu vivienda según superficie, zona climática y aislamiento. Y el coste por kWh útil de cada sistema metiendo tú el precio que pagas. Así el resultado nunca caduca, porque el precio lo pones tú.
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No gana siempre la misma. Depende de tu caldera, de tu casa y de lo que pagues por el gas y por la electricidad.
Una toma el calor del aire y la otra del subsuelo. La elección suele depender menos del rendimiento sobre el papel y más de tu parcela y de la obra.
Promete resolver el problema de los radiadores viejos. A veces lo hace, y a veces solo tapa un problema de la casa que se arregla mejor por otro lado.
No es un descuento en la factura ni algo que aplique el instalador. Es una subvención que convoca una administración, con sus requisitos y su orden de pasos. Aquí está el mecanismo; las cifras, en la convocatoria vigente.
Son la misma máquina partida de forma distinta. Lo que cambia no es el rendimiento: es qué viaja hasta dentro de la casa (agua o refrigerante) y quién está habilitado para conectarlo.
No genera calor quemando nada: lo traslada. Eso la hace eficiente, pero solo si la casa y los emisores acompañan.
Un equipo, dos trabajos con exigencias distintas. Entender cómo se reparte es lo que evita sorpresas en el uso diario.
Un solo sistema para varias viviendas. Es práctico cuando la comunidad se pone de acuerdo y la red de tuberías está en buen estado.
Son pesados, antiguos y a veces bonitos. También suelen ser más grandes de lo que hacía falta, y eso juega a favor de una bomba de calor. Lo que tienes que comprobar es otra cosa.
No es un dato del equipo, es una división: la energía que pide tu casa entre el rendimiento con el que la bomba de calor te la entrega. Aquí está qué mueve cada término.
Los dos números que más se enseñan en un presupuesto de aerotermia y los dos que peor se explican. La diferencia entre ellos no es académica: decide si la comparación entre dos equipos significa algo o no significa nada.
Aparece en casi todos los presupuestos, a veces como imprescindible y a veces como extra. La respuesta honesta depende de tu instalación.
Que haga frío no descarta una bomba de calor. Lo que la descarta es la combinación de frío con emisores que exigen agua muy caliente, y eso se puede comprobar antes de pedir presupuesto.
Instalarla en un edificio no es solo una cuestión técnica. Casi todo se decide en la junta, en el sitio de la unidad exterior y en cómo se reparte el consumo.
En una casa con jardín es una decisión técnica. En un piso es, antes que nada, un asunto de dónde pones la máquina y a quién se lo preguntas.
Es el terminal que permite calentar y enfriar con un solo equipo de aerotermia. Tiene ventajas claras y algún inconveniente que conviene conocer.
La máquina se monta en un día o dos. Lo que decide si la instalación sale bien se decide antes: emisores, cuadro eléctrico, sitio para la unidad exterior y un presupuesto que diga qué incluye.
Cuando te hablan de un equipo de aerotermia suelen mezclar cinco cosas distintas. Separarlas te ayuda a entender un presupuesto y a detectar lo que falta.
Dos casas parecidas reciben presupuestos muy distintos, y casi nunca es por la marca del equipo. Estas son las partidas que de verdad mueven la cifra.
Es el refrigerante que más suena en los equipos nuevos. Conviene saber qué aporta y qué no cambia en tu día a día.
Es la queja que más veces acaba en una junta de vecinos. Y casi siempre se decide antes de encender la máquina: en el sitio elegido y en cómo está apoyada. Lo que hace ruido, lo que lo amplifica y lo que se puede corregir después.
Combina una bomba de calor con una caldera. Es una solución de transición muy concreta, que no es para todas las casas.
Un termostato normal decide cuándo arranca el generador. Uno modulante decide a qué temperatura manda el agua. Esa es toda la diferencia, y también la razón por la que en algunas instalaciones no aporta absolutamente nada.
La ubicación de la unidad exterior decide rendimiento, ruido y convivencia. Es la parte de la instalación que más problemas da después, y casi siempre por elegir el sitio al final y con prisa.
Es una aerotermia pequeña que solo se ocupa del agua caliente. Ni calienta la casa ni pretende hacerlo, y por eso es mucho más fácil de encajar.
Las dos son aerotermia y las dos sacan energía del aire exterior. La diferencia está en qué entregan dentro de casa, y eso cambia la obra, el confort y hasta quién resuelve el agua caliente.
No es una pregunta con una respuesta buena para todos. Depende del aislamiento, de los emisores que ya tienes y de qué energía llega hoy a tu vivienda.
No es una explicación de laboratorio: es lo que ocurre de verdad en una vivienda desde que el termostato pide calor hasta que la habitación se templa.
Sí, una bomba de calor puede calentar radiadores. La pregunta que importa es a qué temperatura tiene que calentar el agua para que esos radiadores concretos caldeen la casa, porque de ahí sale el rendimiento real.
Todas las tecnologías tienen su lado malo. Estas son las pegas reales de la aerotermia, sin dramatizar y sin esconderlas, y la casa donde cada una duele de verdad.
El mismo equipo puede calentar en invierno y refrigerar en verano. Lo que decide el resultado no es la máquina, sino por dónde se reparte el frío dentro de la casa.
No es «instalar y olvidarse», pero tampoco la revisión anual de una caldera. Esto es lo que realmente se revisa en una aerotermia, quién puede hacer cada cosa y con qué frecuencia.
Unos dicen que es lo mejor que han hecho en casa y otros que se arrepienten. Casi nunca están hablando del mismo equipo: están hablando de casas distintas. Esto es lo que hay detrás de cada bando.
En vez de calentar agua para radiadores o suelo radiante, la unidad calienta aire y lo reparte por la casa a través de rejillas, igual que haría un aire acondicionado central en verano.
Decir calefacción de gas no dice casi nada: detrás hay tres sistemas muy distintos. Elige el tuyo antes de mirar modelos.
Una caldera es el aparato que calienta el agua de tu casa. Lo que importa es qué tipo tienes y si de verdad toca cambiarlo.
Aquí no encontrarás un top de marcas. Encontrarás lo que de verdad distingue una buena compra de una mala.
No vas a ver aquí un precio, porque caduca. Sí vas a ver qué partidas separan un presupuesto de otro.
Hay más de una forma de clasificar una caldera. Ésta es la que te sirve para decidir: qué quema y por dónde saca los humos.
El modelo de caldera es la última decisión, no la primera. Antes hay cuatro condicionantes que pueden cambiar el proyecto entero.
No hay una cifra por metro cuadrado que sirva para todo el mundo. Sí hay cinco factores que explican por qué dos casas parecidas cuestan muy distinto.
Más que la teoría, lo que importa es cómo se comporta en tu casa: despacio, estable y con unas reglas distintas a las de un radiador.
Es el sistema que sustituye de verdad a una caldera de gasóleo. También el que más rutina de mantenimiento exige, y conviene saberlo antes.
El nombre promete calentar "otra habitación". La ficha técnica, con su límite de metros de conducto, es la que dice si de verdad llega.
El dato que ningún catálogo destaca: para el reglamento que regula su instalación, una cocina de pellets es, por definición, un aparato de calefacción.
Una es un calefactor de terraza que se enciende y se guarda. La otra es una instalación que atraviesa la fachada de la casa. Confundirlas sale caro.
Antes de pedir presupuesto conviene saber cuál de los tres formatos estás buscando de verdad, porque cada uno exige un conducto distinto.
Es un aparato casi automático. Entender sus piezas te ayuda a elegir bien y a saber por qué falla cuando falla.
Ningún pellet se hace con pegamento. Se hace con presión, calor y madera bien seca, y cada paso que se hace mal acaba en tu estufa como polvo, cenizas o un atasco.
El dato que ningún catálogo destaca: mientras horneas, la estufa deja de regular la temperatura de la habitación y pasa a regular la del horno.
La cifra de la caja es la del banco de ensayo. La que vas a quemar en casa la deciden otros cuatro factores, y ninguno viene impreso en la ficha.
No hay una cifra válida para todas las casas. Dura lo que dé de sí tu estufa, tu vivienda y tu forma de usarla, y se calcula en cinco minutos.
Es el sello más conocido en pellets de uso doméstico. Garantiza unos mínimos de calidad, pero no es magia ni sirve igual para todas las estufas.
Es un combustible de biomasa muy agradecido, pero no vale cualquier estufa. Lo primero que tienes que mirar es si tu aparato lo admite.
El dato que casi ningún catálogo menciona: la potencia típica de una estufa de salón deja fuera a la mayoría del umbral que libra de papeleo.
Todos los sacos parecen iguales por fuera. Por dentro no lo son, y la clase de pellet que uses decide cuánto vas a tener que limpiar el aparato.
Cambiar de gasóleo a pellet es, para el RITE, una reforma por sí sola, aunque la potencia de la caldera no varíe ni un vatio.
Es la parte del montaje que más se complica y la que menos se ve. Aquí tienes qué debe cumplir y dónde suelen fallar.
El nombre esconde tres productos distintos: una estufa con el tubo oculto, una estufa canalizable, y aparatos que ni siquiera queman pellet.
Una estufa normal calienta una sala. Una termoestufa reparte el calor por el agua de tus radiadores. No es lo mismo y no vale para todas las casas.
No es solo un depósito grande. El sistema que lleva el pellet hasta la caldera decide dónde puede estar el silo, y a cuántos metros de distancia.
La chimenea abierta es la peor forma de calentar con leña y la más bonita. Un insertable en el mismo hueco cambia el resultado por completo.
El material decide cómo responde el radiador en el tiempo. El tamaño decide si tu caldera o tu bomba de calor van a rendir. Lo segundo importa más.
La respuesta corta: lo mismo que un calefactor del mismo consumo. Todo lo demás es el efecto visual, que es por lo que se compran.
Un radiador eléctrico convierte en calor casi toda la electricidad que recibe. Lo que cambia entre modelos es cuánto tiempo la usa, no cuánto calor saca de ella.
Es decorativa antes que calefactora. Entender por qué no necesita chimenea es entender también por qué hay que ventilar.
Es práctica porque no pide obra, pero quema gas dentro de tu salón. Ahí está todo lo que importa.
Todos convierten en calor la electricidad que gastan. Lo que cambia entre uno y otro es cómo te llega ese calor, y eso decide si acertarás con la compra.
Es de los aparatos eléctricos que más se instalan como calefacción fija. Conviene saber qué hay dentro antes de comprar.
El aceite no se gasta ni se quema. Sirve para acumular el calor y soltarlo despacio, y eso explica tanto sus virtudes como sus defectos.
Si un radiador calienta abajo y arriba está frío, tiene aire. Se resuelve en cinco minutos, pero hay un orden y un detalle final que casi nadie hace.
Un suelo frío no siempre es un suelo mal aislado. Antes de levantar nada, comprueba qué hay debajo de tu casa, porque de eso depende todo.
El calor sube, así que el techo es una de las superficies que más pierde. Pero solo importa si encima de ti no hay otra vivienda.
Antes de comprar nada, mira por dónde se cuela el aire. En una puerta, el problema casi nunca es la hoja: son los bordes y la parte de abajo.
No todas las tuberías de una instalación necesitan aislamiento. La norma solo lo exige donde el calor perdido se va de verdad de la vivienda, y ahí sí pone cifras concretas.
Las paredes son la mayor superficie de la envolvente, pero aislarlas es obra, no accesorio. Antes de decidir, conviene saber qué ganas en calefacción, cuándo sale a cuenta y cuándo es mejor tocar otra cosa.
La persiana en sí aporta poco. El problema suele ser el cajón que la guarda, una caja hueca en plena fachada.
El frío de una ventana entra por tres sitios distintos, y cada uno se arregla con algo diferente. Poner burletes donde el problema es el cristal, o forrar el cristal cuando el problema es el cajón de la persiana, es gastar el esfuerzo en el sitio que no toca.
Es una de las mejoras más baratas y rápidas que hay. Pero solo arregla las fugas de aire, no el cristal ni el marco. Aquí tienes cómo saber si lo tuyo es un burlete.
Nadie elige la calefacción central ni, casi nunca, cuándo se enciende. Lo que sí ha cambiado por ley es cómo se paga: ya no es «a partes iguales», y casi nadie lo explica bien.
Calentar solo la estancia que usas puede tener sentido. Depende de cuánto tiempo la ocupas, de cómo está de aislada y de qué aparato elijas.
Que la casa no caliente no siempre significa que el equipo esté roto. Antes de llamar a nadie, conviene separar si falta calor o si el calor se te escapa.
Depende de tu instalación y de cómo esté repartido el calor. Cerrar un radiador sin más puede ahorrar poco y desequilibrar el resto.
Ahorrar no es apagar la calefacción y pasar frío. Es perder menos calor y no gastar donde no hace falta, en este orden.
No se aísla por orden de ficha técnica. Se aísla por orden de fuga, y casi siempre lo barato va antes que la obra.
Calentar una casa no va de potencia. Va de cuánto calor se te escapa y de cómo lo repartes.
No hay un consumo típico de caldera. Hay un consumo de tu casa, y se calcula con cuatro datos que puedes tener tú.
Un cronotermostato no cambia cómo calienta tu instalación: cambia cuándo. Y lo que decide si eso sirve de algo no es el aparato, es la inercia de la casa.
La pregunta no tiene una respuesta única porque mezcla tres cosas que cambian de una casa a otra y de un mes a otro. Separarlas es lo que permite comparar de verdad, sin depender de un precio que dentro de un año ya no será el mismo.
Casi nadie debería encenderla por fecha. Tu casa te avisa antes y mejor que el calendario.
«3.000 frigorías» no dice lo que parece decir. Y confundir la potencia que produce el aparato con la que consume de la red es el error más caro de leer mal una ficha técnica.
No es una cuestión de gusto. Es una cuestión de si tienes red en la puerta de casa, y de cuánta autonomía necesitas si no la tienes.
Ese aparato pegado a tu radiador no mide energía. Mide una señal que sirve para repartir una factura ya hecha, y entender esa diferencia es lo que te permite leer bien tu liquidación.
Un termostato con wifi añade una app y, a veces, geolocalización. Que además hable con el generador para bajar el consumo es una cosa completamente distinta, y la caja no siempre lo dice.
Un termostato mide en un punto y decide por toda la casa. De dónde esté puesto y de qué pueda decirle al generador depende casi todo lo demás.
El termostato es solo una de las cuatro cosas que determinan si tienes frío. Las otras tres explican por qué a veces subirlo no soluciona nada.
Una caldera de gasoil puede seguir siendo razonable en una casa grande y mal aislada. Otras veces el cambio compensa. Depende de cuatro cosas que puedes revisar.
Este artículo existe porque nadie más lo escribe: el sector vive de que cambies. Estos son los casos en que la respuesta honesta es que te quedes como estás.
La máquina es la parte fácil. Lo que decide si una instalación de calefacción sale bien es el orden de los trabajos y la documentación que queda al final: y eso casi nunca aparece en el presupuesto.
Casi todas las comparativas empiezan hablando de confort, que es lo que menos diferencia a los dos. Lo que de verdad decide es mucho más prosaico: qué obra admite la vivienda y a qué temperatura tendrá que trabajar el generador que vaya detrás.
Casi todas las listas de tipos de calefacción ordenan por combustible, y esa es la división que menos ayuda a decidir. Un sistema son tres piezas encadenadas, y tu vivienda manda sobre las tres.
Por qué este sitio
Casi todo lo que se encuentra sobre obra en seco lo firma quien vende el material, quien hace la obra o quien te quiere pasar un presupuesto. Por eso el consejo acaba siendo siempre el mismo: llama a un profesional, o compra este producto. Aquí el punto de partida es el contrario. Explicar cómo funciona el sistema para que sepas qué estás decidiendo, lo hagas tú o lo contrates.
No vendemos equipos, no hacemos instalaciones y no pertenecemos a ninguna comercializadora ni fabricante. Cuando un enlace tenga comisión de afiliación, estará señalado, y eso no cambia lo que recomendamos. Tampoco escribimos precios ni cifras en euros: en energía cualquier importe caduca en un trimestre. Explicamos de qué depende y el número lo pones tú en la calculadora.
«Pladur» es una marca registrada de uno de los fabricantes de placa de yeso laminado. Se usa en este sitio porque es como se llama al material en España, sin ninguna vinculación con esa empresa.