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Suelo radiante

El emisor más eficiente que existe para trabajar a baja temperatura, y por eso el mejor compañero de una bomba de calor. También el más caro de instalar y el más lento de responder.

Comparación entre un radiador, que concentra todo el calor en un elemento pequeño y por eso pide agua a temperatura alta, y un suelo radiante, que reparte el calor por toda la superficie del suelo y funciona con agua bastante más templada. Debajo, los dos costes del suelo radiante: la obra necesaria para ganar altura y la inercia lenta al calentar y al enfriar.
Por eso suelo radiante y aerotermia se citan siempre juntos: la misma baja temperatura que pide uno es la que hace rendir al otro.

Por qué se lleva bien con la aerotermia

Un suelo radiante calienta con agua a una temperatura mucho más baja que un radiador, porque reparte el calor en toda la superficie del suelo en vez de concentrarlo en un elemento. Esa baja temperatura es justo lo que hace que una bomba de calor rinda al máximo: por eso los dos sistemas se citan siempre juntos.

A cambio tiene dos costes que conviene tener claros. El primero es de obra: hay que levantar el suelo o asumir la altura que roba el sistema, y eso condiciona puertas y rodapiés. El segundo es de comportamiento: tiene mucha inercia. Tarda en calentar y tarda en enfriar, así que funciona muy bien en uso continuo y bastante peor en una casa que se ocupa a ratos.

La versión refrescante (hacer circular agua fría en verano) existe y funciona, pero pide control de humedad para no condensar en el suelo. No es un aire acondicionado.

Guías de suelo radiante

Fuentes

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