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Calderas de gas y gasóleo

Sigue siendo el sistema más instalado en España. Y en muchas casas, cambiarla por otra cosa no compensa: aquí está cuándo sí y cuándo no.

Comparación de dos calderas en corte: la caldera estándar deja escapar por el conducto el vapor de agua de los gases de combustión, que se lleva calor perdido; la caldera de condensación recupera ese calor latente, pero solo si el agua que le vuelve del circuito llega fría. Con radiadores antiguos que piden agua muy caliente, el retorno llega caliente y la caldera condensa poco.
Una condensación solo condensa de verdad con agua de retorno fría: con radiadores antiguos, pierde buena parte de su ventaja.

Condensación: qué cambió de verdad

Una caldera de condensación aprovecha el calor latente de los gases de escape que una caldera antigua tiraba por el conducto. Ese es todo el truco, y explica por qué rinde más. También explica su condición: rinde de verdad cuando trabaja a baja temperatura de retorno, es decir, con emisores generosos. Con radiadores antiguos y agua muy caliente, condensa poco y la ventaja se estrecha.

La otra decisión es el combustible. El gas natural depende de que haya red en la calle; el propano y el gasóleo obligan a depósito y a logística de repostaje; y cada uno tiene su mantenimiento y sus revisiones obligatorias.

Sobre cambiar: una caldera de condensación bien dimensionada y con menos de quince años, funcionando bien, rara vez justifica una sustitución solo por eficiencia. Si alguien te lo plantea, que sea con números de tu caso, no con un argumento genérico.

Guías de calderas

Fuentes

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